viernes, 30 de noviembre de 2012

Y aún te llevo en vena.

Esa sensación tan rara de quererte aún sabiendo que ya no te pertenezco me raya, pero mucho. Ahora mismo no sé qué pensar. Lo único que sé es qué cuando te veo, después de tanto tiempo, vuelve a mí el mismo sentimiento de cuando te ví por última vez. Parece cómo si el tiempo no pasara, pero solamente lo parece.
Y aquí estoy yo después de un año escribiendote cómo lo hice tiempo atrás cuando las cosas dolían. Ahora es distinto porque ya nada duele pero yo te sigo queriendo igual o más.
Una frase que me ha dicho mi madre hace un rato y que me ha dado qué pensar: "Tu fallo es que eres muy caprichosa, deseas mucho pero cuando tienes las cosas las dejas de lado."
Quizá sea eso, que sea caprichosa, pero te aseguro que si estuvieras aquí conmigo no te iba a dejar de lado.
Tienes el poder de que con tan sólo abrazarme vuelvo un año atrás dónde el viernes era el día más esperado y más corto de la semana.
Sea como sea, aún te quiero.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Tengo ganas de ti. (Cápitulo 20).


Francesco. Pensar que me parecía tan encantador. Aunque hay que reconocer que la verdad sobre el amor se demuestra con el tiempo. Al principio todo te parece agradable. Después,cuando la historia arranca, lo que parecía agradable puede volverse bonito, incluso eternamente bonito... Pero la mayoría de las veces degenera y acaba siendo un espanto. Pues bien. Francesco fue la excepción. Consiguió que fuese aún peor. Un imperdonable error de ruta lo había estropeado todo. Jamás olvidaré esa noche.


-Entonces, ¿qué dices? Vamos al Gilda, ¿te apetece?
-No, gracias, France, mañana tengo el examen de historia y ni siquiera he acabado el
capítulo.
-Está bien, como quieras... Te llevo a casa.


Esa noche ha conducido más de prisa que de costumbre, pero yo no he prestado atención.
Bajo del coche.


-Adiós, buenas noches... ¿Tú qué haces?, ¿vas al Gilda?
-No, no, si tú no vienes, no vale la pena. Además, yo también estoy cansado.


No me acompaña al portal, pero, por otro lado, nunca antes lo ha hecho. Qué raro, y sin
embargo esta noche me molesta. Francesco apenas ha esperado a que girara la llave en el portal y mi saludo desde lejos para marcharse como una exhalación. De prisa, demasiado de prisa. Son sensaciones, sensaciones absurdas. Pero a veces sensaciones sabias.
Más tarde. He estudiado y repasado el capítulo hasta lograr que algo me entre en la cabeza.
Miro el reloj: las dos y media. Llamaré a Fra. Me apetece oír sus palabras, distraerme un
poco con su voz. No puedo acostarme con el capítulo de historia todavía en la mente. No
responde al teléfono. Qué raro. Vive en el apartamentito que hay debajo de casa de sus
padres, el que le dejó su abuela, que se trasladó a Rieti. El teléfono no deja de sonar. No lo oye, o duerme profundamente o... No puede ser que no lo oiga. Joder, si está en casa, tiene que oírlo a la fuerza. Son dos habitaciones más una cocina y un baño. Conozco bien esa casa, he pasado allí varios fines de semana. Al pensar en el tiempo que he compartido con él me pongo aún más nerviosa. Han sido unos fines de semana muy íntimos y ahora él no contesta.No pasa nada, al fin y al cabo, no tengo sueño. ¿Sabes qué haré? Saldré e iré a llamarlo por el interfono. Camuflo lo mejor que puedo la cama, con un cojín debajo de las sábanas donde debería estar mi cuerpo y la ropa para ir mañana al colegio ya preparada en la silla. Después, poco a poco, paso junto a la habitación de mis padres de puntillas, cojo la llave del Polo y me marcho en mitad de la noche. Pero ¿y si ese idiota ha ido al Gilda? Las tres y diez. Mejor pasar antes por allí.
El portero, que me saluda.


-Hola, Gin, ¿qué haces aquí a esta hora?
-¿Tú qué crees?
-Te apetece bailar...
-En realidad, quería hacer de portera por una noche.
Se ríe a gusto.
-Cómo eres, ¿eh?
-Oye, no veo el Mercedes de Francesco.
-Bonito coche, ¿eh? 
-Sí, muy bonito. ¿Sabes si está dentro?
-No, esta noche no ha venido. Lo sé porque no me he movido de la puerta. Además, también lo buscaba Antonello, que ha entrado hará una media hora. Lo ha buscado dentro y se ha marchado. No estaba, le ha dado plantón porque me ha dicho que habían quedado.
-Está bien, pues si lo ves, dile que lo estoy buscando. 
-De acuerdo. Adiós, Gin, buenas noches.


¡Sí, buenas noches... ojalá! Esta historia de no encontrarlo me está poniendo nerviosa. Paso por debajo de casa de Francesco. Nada, el Mercedes no está. Pero ¿dónde coño se habrá metido? Qué demonios, si son las tres y media. Mañana tengo el examen. Me quedan
apenas cuatro horas de sueño, siempre que consiga encontrarlo a tiempo. Lástima que Eleanora no esté. Ele, como la llamamos nosotros, es mi mejor amiga. Ha tenido que marcharse, se ha ido a la Toscana a ver a unos parientes. Ostras, si estuviera, me
haría compañía. Cualquier excusa es buena para Ele para estar fuera de casa hasta que
amanezca. Lástima.
Bueno, como vive aquí cerca pasaré por casa de Simona. Simona es muy romana, pelo rubio, un buen cuerpo, un poco rara, pero me cae simpática. Hace un año que
vamos juntas y hemos establecido una buena relación, naturalmente, mal vista por Ele. Ella
dice que en el fondo es una imbécil. <<Confía en mí esta vez la inocente eres tú.>> Yo me río. Ele es celosa. Es normal, no soporta que de vez en cuando Simona y yo nos veamos. Ya está, he llegado debajo de su casa y aquí sucede lo inverosímil... O mejor dicho, lo verosímil, en vista de que, mientras llamo al interfono de Simona, se abre el portal y sale Francesco. Cuatro menos cuarto. Y como si no bastara la hora, va sin corbata, lleva la camisa desabrochada y, lo peor de todo, tiene esa cara que he visto tantas veces. Demasiadas. Ahora las lamento todas. Después de hacer el amor, todos nos dulcificamos. Nuestros rasgos se suavizan, los ojos se humedecen ligeramente, los labios se vuelven un poco más carnosos y se llega a la sonrisa con mayor facilidad, pero más lentamente. A Francesco no le da tiempo a decir nada.


-Gin, yo... 


Lo intenta, pero le escupo a la cara. Un gargajo perfecto. Le acierto de pleno y ni siquiera lo miro. Mientras me marcho, sólo pienso en que se limpiará.


-Gin, para, te lo explicaré todo,
-¿Todo el qué? ¿Qué hay que explicar? 


Subo al Polo que he dejado en doble fila y él me alcanza, intenta bloquearme la portezuela, pero no le da tiempo. Subo y echo el seguro.


-Gin, no es lo que piensas. Es la primera vez que lo hago. Venga, no te marches, Gin. -Espera un momento y después dice algo que no hubiera querido que me dijera nunca, al menos no en ese momento-: Gin, yo te quiero.

jueves, 22 de noviembre de 2012

¿Tan cara es la verdad?

Es curioso como algo que parece perfecto se puede esfumar en cuestión de segundos, sin previo aviso ni nada, así.
Es cierto que todos los comienzos son bonitos pero aquel además de bonito era especial, había algo dentro de mí que decía que nada podía fallar. Por poco tiempo me sentí como una auténtica princesa, fue un tiempo maravilloso, mágico, lleno de ilusiones... apareció como un vaso de agua para un muerto de sed y lo cubrió todo de felicidad. Aquello no tenía mucho sentido ni explicación pero tenía que disfrutarlo, no podía entender como la suerte me había sorprendido tan inesperadamente haciendo que todos mis días fueran los mejores de mi vida y sólo por una personita.
No hacían falta muchas palabras, con su simple silencio yo me sentía más allá de a 3 metros sobre el cielo y todas esas tonterías que en mi caso se quedaban cortas.
Pero claro, ya estaba abusando de suerte, y mis predicciones una vez más fracasaron... algo falló y llegaron mentiras. Sí, mentiras que aún se siguen negando. Mentiras que duelen como puñales. Mentiras que me llenan de rabia cada vez que las recuerdo. Joder, ¿es tan difícil decir que lo sientes? aún sigo esperando un "lo siento" y ya la verdad es que se que no lo recibiré, ¿pero sabes qué? ya no quiero saber nada que venga de ti, no quiero verte, no quiero hablarte, ni mucho menos escuchar tus idioteces porque de cada dos palabras que dices tres son mentira.
Ahora que te has ido no quiero que vuelvas. Quédate con tu nueva vida que yo intentaré hacer la mía aunque no sé cuanto tardaré, porque yo no soy como tu, yo no voy enamorándome a la primera de cambio.
Debo admitir que duele saber que ya para ti solamente soy un recuerdo, un simple recuerdo y que tu para mi eres algo más que eso. Lo que nos diferencia a el uno del otro es que yo si sé querer y tu en cambio no sabes ni lo que significa el verbo "querer" más allá de la intención de hacer o conseguir algo. Siendo sincera no te deseo lo mejor porque bastante daño me has hecho y no es cuestión de ser egoísta sino de aprender a quererse una misma.
Ahora llegó el tiempo de ser feliz. Feliz con lo que tengo y a día de hoy nada me falta, tengo todo para poder serlo.
Así que tu por tu lado y yo por el mío. Sigue destrozando ilusiones chico de buena fe.


"La verdad duele solo una vez, la mentira cada vez que la recuerdas"